








Estos proverbios y coplas machacan sobre lo mismo: la mujer es mala (recordemos las persecuciones de brujas), y tanto peor si es hermosa, porque nos tienta y atrae hacia el pecado.
Hasta aquí se busca mantener la sartén por el mango, dominar, y la idea es que unos buenos “coscorrones” o golpes más o menos violentos mantienen tranquila a la “fiera”, que supuestamente llevamos dentro.