Este artículo sobre la evolución de las formas de seducción busca mostrar cómo se fue pasando desde el secuestro y la violación al mundo de las promesas y la idealización de la amada. También cómo se deriva en las últimas décadas a formas más igualitarias de abordaje de las mujeres,
procurando el varón no salir de la posición dominante.
Todo eso reflejado por el cine con películas muy taquilleras.
En cuanto a los piropos, van desde el machismo “suave” que invade el espacio de la mujer al más tóxico de las frases “guarras”, como dirían los españoles
Parece que hasta hace muy pocos años, la iniciativa y el principio activo estuvo del lado del varón y la pasividad del lado de la mujer, pero esto adopta formas diferentes en la historia.
En la antigüedad, las formas de “cortejo” (término medieval que proviene de la palabra “corte”) consistían en el rapto, la captura violenta de las mujeres, como en el famoso caso del secuestro de las Sabinas en la vieja Roma. Un cortejo forzado y demasiado rápido, si se quiere. Después de todo, también la palabra conquista tiene esa doble acepción bélica y amorosa.
Curiosamente, en los años 50 hubo una película muy taquillera, Siete novias para siete hermanos, donde los protagonistas, siete hermanos muy brutos y simpáticos, se apropian de esa manera de siete muchachas. A nadie le molestó el sistema rápido y violento de “seducción”. Los tipos simplemente llegan y se las llevan por la fuerza, y eso nos resultaba gracioso y hasta romántico. En la película de nuestra infancia, los secuestradores cantan a coro: “Aquellas sabinas lloraban y lloraban pero por dentro estaban contentas.
Gritaban y besaban, besaban y chillaban por la campiña romana. Y aquellas lloronas sabinas, cuando los romanos salían a pelear, pasaban las noches muy entretenidas cosiendo togas pequeñitas para sus críos.”

Es difícil de creer que el prejuiciado Hollywood de los 50’s, que cuidaba hasta los besos de los protagonistas en la pantalla, celebrara tamañas atrocidades. Es que todo se veía con otros ojos.

Más tarde cambiaron los códigos de proximación a las mujeres, y desde el siglo XII domina el amor cortés, con un papel del varón mucho más delicado, donde el valor de la espera, la humildad y la exaltación poética de la amada, eran el camino indicado. Allí podemos recordar el famoso caso, en la literatura y el cine, de Cyrano de Bergerac, que elaboraba poesías para su amigo, ya que a éste le faltaba talento, y se las dictaba escondido tras un arbusto, para que él las recitara a su amada desde debajo de un balcón.
Un Gérard Depardieu hacía el papel de Cyrano, desgraciado amante que, debido a su fealdad, no se atrevía a enamorar a su elegida.
Toda la escenografía y el procedimiento de conquista, tomaba prestado el lenguaje de la guerra. La dama, cual fortaleza a asediar, resiste los ataques del caballero, que insiste en sus avances, mientras ella debe evitar repetidamente su ingreso. “A él le corresponde dar el primer paso, halagar a la bella, declarar su pasión; a ella, aguardar la iniciativa viril, no manifestar su deseo, hacer esperar al pretendiente, asumir la dirección del juego concediendo de manera progresiva sus favores.” (Gilles Lipovetsky, La tercera mujer, p.46). Moralidad y pudor son las virtudes que hay que exhibir por parte de la mujer. Don Juan, por ejemplo, suplicaba, declaraba un amor exaltado, hacía promesas de matrimonio, para lograr finalmente sus objetivos.
El dispositivo se ha transformado mucho en nuestros días. La desigualdad retrocedió, y la habilidad del amante es, por ejemplo, la gracia, el humor, el hacer reír a la “presa”. Ni adular a la bella, ni arrodillarse o prometer una eternidad juntos; ahora se trata de “ligar” o “cargar”, como decíamos hace unos cuantos años en Uruguay.
Todo es más descontraído y juguetón en una época en que la libertad sexual es mayor, la autonomía económica de la mujer es la norma, y se valora la autenticidad y la sinceridad. Se ha pasado de un sentido sagrado, casi religioso, al clima de fiesta y diversión. Este intercambio entretenido es mucho más igualitario que aquellas viejas formas del cortejo y de los roles fijos.
Buen ejemplo de esto es la trilogía “Before”, de Richard Linklater: “Antes del amanecer”, “Antes del atardecer” y “Antes del anochecer” (1995, 2004 y 2013). En esos films, una pareja se conoce en un tren en un viaje a Europa y se reencuentra como confirmando la predestinación del encuentro de
dos almas gemelas. A medias entre el amor romántico y esta seducción más relajada e igualitaria, el relato termina con una pieza donde la vida real se aleja bastante de lo que fue al principio una especie de cuento de hadas.

Durante siglos los piropos se entendieron como forma de seducción y no como acoso callejero.
En el siguiente monólogo, Laura Oliva compila piropos rioplatenses en su segmento “Hacete de Oliva” en el Canal de la Ciudad.
Los piropos floridos están en extinción, pero todavía se escuchan algunos de los que vamos a listar (los más ordinarios, sobre todo).

