Por Alberto Curiel
Setiembre, 2024.
RESUMEN.
La crítica feminista de las distintas ciencias, ha mostrado que tanto en las comunidades científicas mismas como en el proceso investigativo, se ha escamoteado a las mujeres sistemáticamente. No se trata solo de rescatar nombres y aportes de grandes mujeres en la historia de las ciencias sociales y naturales, sino también de operar una transformación en los resultados del conocimiento creado.
Un ejemplo asombroso es el de la explicación del proceso de la fecundación que, como lo describieron cientos de libros de educación sexual desde el siglo pasado, era operado por el espermatozoide más ágil y “valiente” que, antes que otros millones, llegaba a un óvulo expectante y pasivo, como Alí Babá a la cueva del tesoro. Los descubrimientos de la biología muestran, en cambio, un proceso de sinergia donde ambas células colaboran de distinta forma para generar el cigoto.
Seguiremos viendo en otras disciplinas las transformaciones que ha operado el nuevo enfoque crítico de género.
TEXTO.
En este artículo breve voy a afirmar que, así como la categoría de género permite analizar todas las áreas de la vida y ver en ellas con más profundidad la estructura de las cosas y de las sociedades, también en la esfera del conocimiento, de la ciencia, de la historia, de la antropología y aún de las ciencias naturales, escamotear el género también contribuye a deformar el conocimiento como resultado. Diciéndolo en forma positiva, el surgimiento en el siglo XX de las cátedras de género en distintas universidades, ha incorporado a la mujer tanto en el equipo de investigadores como en tanto objeto de estudio, y lo ha hecho en la historia, la antropología, la economía, y la propia biología, aunque cueste creerlo.
Si dividimos la ciencia en resultados (teorías) y procesos (construcción de esas teorías), y miramos esas realidades con perspectiva de género, veremos por ejemplo que las mujeres han sido durante toda la historia excluidas de ambos. El desafío de una epistemología crítica en cuanto al género, es incorporar a las mujeres tanto como recursos científicos para llegar a esos resultados, como a la visión femenina con sus sesgos en las características del conocimiento logrado. Eliminar a las mujeres del ámbito científico o desvalorizar sus aportes, es una pérdida para las mujeres pero también para el conocimiento científico mismo, ya que lo empobrece, lo universaliza ilegítimamente y lo deforma. No solo ellas han quedado fuera de la comunidad científica o han sido relegadas a funciones secundarias, sino también las masculinidades racializadas o subalternas, que se han considerado desviadas o insuficientemente humanas como para producir un conocimiento válido y legítimo.
No alcanza, para reparar estas limitaciones del conocimiento científico, con desempolvar de rincones de la historia las biografías o aportes de algunas mujeres excepcionales como Hipatia en la filosofía o Marie Curie en la química, sino que es necesario revolucionar el conocimiento mismo, incorporando como sujetos investigadores y como centros válidos de la mirada científica, a las mujeres y las minorías de género.
UN EJEMPLO IMPACTANTE EN LA BIOLOGÍA.

Aquí me voy a detener en una explicación tradicional sobre el proceso de la fecundación. Desde 1975 existe el libro “¿De dónde venimos?”, aparentemente la primera publicación divulgativa en España del proceso de reproducción, dirigida a los niños. En él se habla del “esperma romántico”, el ganador de una carrera contra millones y millones de “compañeros espermatozoides”, que pugnaban por llegar a un óvulo expectante y sin otra función que dar hospitalidad al ágil espermatozoide triunfante.
La crítica de género modificó y ajustó esta explicación, que se ha replicado en la enseñanza de este complejo proceso, tanto en la enseñanza Primaria como en la Secundaria, y que ha moldeado nuestras cabezas, haciéndonos considerar, por un lado, que es la velocidad del espermatozoide lo que le permite “llegar primero” a un óvulo puramente pasivo, como si se tratara de llegar antes que los demás al “tesoro” que espera en la (oscura) cueva. En realidad, esta célula reproductora masculina que se forma en el testículo, debe tener una buena motilidad (la capacidad de nadar), pero ella no es suficiente para asegurar un correcto desarrollo embrionario. La integridad del genoma, la morfología y otras características, contribuyen a su capacidad de fecundar correctamente un óvulo. Además, el óvulo no espera pasivamente: se ha demostrado cómo los estrógenos secretados por el aparado reproductivo femenino ayudan a los espermatozoides en el camino hacia las trompas, evidenciando que la fecundación es un proceso en el cual la sinergia entre los dos actores principales, óvulo y espermatozoide, juega un papel fundamental.
Vemos así de qué forma las metáforas utilizadas en la explicación científica de los procesos, aún en ciencias básicas como la biología, son elaboradas a partir de convicciones ideológicas, en este caso acentuadamente machistas, que reafirman mitos de género patriarcales.
En próximas píldoras me voy a extender en la incidencia que ha tenido la epistemología feminista en el enfoque de otras ciencias, sociales y naturales, que se han visto revolucionadas por estos nuevos abordajes.