PÍLDORA TRES: ¿CÓMO OPONERSE AL MACHISMO CORRIENTE DE PADRES Y AMIGOS?

Por Alberto Curiel.
Agosto, 2024.

RESUMEN.

Los hombres recurrimos mucho a la violencia o al grito para resolver nuestros conflictos. Un varón igualitario puede sentirse segregado o extraño en un grupo donde burlas, chistes o comentarios machistas son moneda corriente. La solución no es borrarse, siempre que sepamos esperar el momento adecuado para responder a estas actitudes con el diálogo o con el ejemplo. Nos pasa también con nuestros padres, cuando hay mucha distancia emocional o cosas peores, como el control excesivo o la violencia. No se trata de oponerse solamente sino de ir creando un camino personal que pase por el trato igualitario con mujeres y minorías de género. Mostrar las lacras sociales que implican sobre todo a los hombres, como el suicidio, la muerte en guerras y en el tránsito, la situación de calle, las rupturas familiares definitivas, la dificultad de relacionarse bien en la pareja, puede ser beneficioso: no nos hará perder amistades que pueden ser valiosas y ayudaremos a producir varones más igualitarios y sensibles.

TEXTO.

NO TE OPONGAS; SÉ DISTINTO. Una de las cosas que me impresiona cuando charlo con hombres cansados de tener malos vínculos con las mujeres, con sus amigos, esos que sienten  que queman demasiado aceite en sus relaciones con los y las demás, es que me han dicho que en caso de duda sobre cómo actuar, piensan: “¿qué haría mi viejo en esta situación? Entonces hago lo contrario.”.

Es un intento de autoafirmación, sin duda, pero se mantiene en la dependencia de la conducta paterna, esa que no nos gusta por prepotente, por dura, por poco empática. Lo mismo que el “golpe por golpe” o el “ojo por ojo”, repite, invirtiéndolo, el mal camino del otro. Se queda en la competencia y no propone algo nuevo. Se trata, en cambio, de fundar algo diferente a lo de nuestras figuras de referencia.

Fácil decirlo, pero no de crear esa nueva senda, porque no conocemos otra. Pero con la madurez, analizando las reacciones, las pautas de nuestra conducta, podemos ir construyendo otras formas de actuar en nuestras relaciones con los demás. Es lo que le pasa a los adolescentes en esa pulseada histórica con los padres. Es una etapa necesaria, de demolición de lo que no nos calza, pero tiene que llegar el momento de la “casa propia”, de la visión independiente de las cosas, el del camino personal.

Se trata de empoderarse, como lo dicen las feministas; de sentir que uno puede afirmarse y defender sus posiciones, lo que uno siente verdadero y auténtico. Al principio las palabras saldrán débiles, como un balbuceo, hasta que podamos formular posturas más sólidas, más convincentes para nosotros y para los demás. Ocuparemos, así, un lugar en el mundo.

Un compañero decía en un encuentro, que su decisión había sido, ante embates de machismo salvaje en grupos de amigos, asados, reuniones con otros varones, pelearse, irse de los grupos. Se corre el riesgo con esa solución, de perder otros lazos importantes de amistad o de “socialidad”. Estamos optando por una salida violenta. Lo mejor es recurrir al diálogo y en el tiempo adecuado. Hay momentos en que hablar no sirve, como cuando estamos ante una persona alcoholizada o enojada. Esperar el momento, que puede ser cuando el grupo está tranquilo y hay un tema que nos permite hacer puente con lo que nos interesa decir.

Otro asunto importante es cómo decirlo, en qué términos hay que comunicar estos temas espinosos. Hay un cuento tradicional en que el rey ha soñado que se le caían todos los dientes. Consulta entonces a los sabios de la corte, y un consejero le explica que ese sueño significa que  verá morir a todos sus familiares. Otro, más sabio y sensato, le dice que será el más longevo de todos sus familiares, que tendrá una larga vida. Obviamente para uno van los latigazos y para otro una bolsa de piedras preciosas, a pesar de que han dicho lo mismo.

Mostrar las desventajas de la ideología machista para los propios varones, puede ser convincente. La actitud omnipotente, la exigencia en temas de fuerza, de aguante, de rendimiento tanto económico como sexual; el no expresar los afectos, salvo cuando surgen en forma de enojo o violencia, todo eso nos deshumaniza, nos deja solos en las relaciones, nos impide ser sinceros y tener unos vínculos de intimidad cercanos con amigos, con la pareja, con nuestros padres. No es porque sí que cuatro de cada cinco suicidios en nuestro país son de varones, que en la cárcel casi el 90% son hombres, que lo mismo sucede entre la gente sin techo, en situación de calle, y también en materia de accidentes de tránsito, donde la violencia campea y uno nota que cuanto más estresado está el conductor más aprieta el acelerador y lo expresa su enojo en la forma de manejar. Si bien las guerras son cada vez menos cuerpo a cuerpo, también son los varones los que mueren masivamente en ellas.

Algo significan estas cifras apabullantes en cuanto a mayoría de varones damnificados. Todo esto tiene que ver con una cultura, con una forma de llevar los lazos familiares, con los amigos, con las mujeres. Somos muy pataduras con las emociones. El patriarcado nos ha regalado muchos privilegios (las “flores” del mal) pero también pagamos un precio carísimo por estar al mando (las desgracias que provocan esas “flores”).Si podemos hablar en serio y en calma con nuestros amigos machistas sobre estos temas, quizás les surja la inquietud de entender mejor lo que les pasa, lo que nos pasa, y procuren ser más igualitarios, se rían menos con las bromas que desvalorizan a las mujeres o a varones “desviádos”, recurran menos a las soluciones violentas a los conflictos.

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